Un excelente
vino

Por Santiago Cosío Pando CEO de Grupo Pando / Bodegas de Santo Tomás

La industria vitivinícola de México se ha desarrollado en los últimos años, de una manera intensa, sostenida y creciente.

Intensa, porque los diferentes actores que intervienen en el desarrollo de esta cadena de valor han demostrado un compromiso de tal magnitud que los convierte, más que en actores, en verdaderos creadores, en la búsqueda del éxito en esta actividad que genera un producto de historia bíblica. Cada trabajador, cada empleado, cada enólogo, cada directivo ha abrazado la producción como una auténtica vocación, como un verdadero plan de vida. Es admirable la actitud con que todos los involucrados se han volcado a hacer crecer esta actividad agroindustrial, para lograr que el vino exista, gracias a la acción inteligente y apasionada de las manos del hombre, en unión con la tecnología y los agentes de la naturaleza.

Sostenida, porque todo lo que ha sucedido en esta actividad industrial no ha sido un brote espontáneo de un grupo de entusiastas, sino que es el producto de los esfuerzos de muchos años, en los que se han tenido que superar grandes obstáculos, muchos de ellos aparentemente insalvables. No ha sido nada fácil, pues la frase “vino mexicano”, a nivel nacional e internacional, era, años atrás, sinónimo de productos con ofertas poco interesantes. Hoy en día, podemos afirmar que la oferta del vino mexicano ocupa ya un lugar destacado en las preferencias nacionales y empieza a ganar terreno entre los exigentes paladares de los mercados internacionales. Hemos logrado que el vino mexicano exista en el panorama de la vitivinicultura mundial.

Creciente, porque hay dos indicadores cuantitativos inobjetables que señalan esta afirmación: han crecido las empresas dedicadas a la producción del vino y ha aumentado el consumo nacional de este producto. Este crecimiento ofrece un horizonte sumamente interesante para inversionistas que buscan, como alternativa a la especulación financiera, actividades productivas que le aporten a nuestro país un verdadero valor en el rendimiento del capital, que generen fuentes de empleo, que sean sustentables en materia ecológica y que sumen productos cuya calidad aporte riqueza cultural a la sociedad mexicana.

El vino mexicano ha pasado de una adolescencia tormentosa, llena de dificultades aparentemente insalvables, a una madurez joven, que le permite crear estrategias firmes hacia un futuro cada vez más sólido, cada vez más sostenible.

El vino mexicano juega ya un papel destacable en el escenario de las actividades productivas de México, siendo un agente preponderante en la cadena de valor del campo y de la industria nacional.

Quienes nos hemos comprometido con el mundo de la producción del vino estamos orgullosos de que esta actividad ocupe un lugar incuestionable en el escenario de lo útil y de lo bello de la sociedad mexicana.

Es un hecho: el vino mexicano ya está aquí, y aquí se quedará, porque es un excelente vino.